De regreso a casa. Claudia Luna

Quizás te parezca muy difícil comenzar el camino del profundo descubrimiento de tu ser. No sabes por dónde empezar. Mi consejo es que comiences donde sea, como sea, ahí donde estás, así como estas, y luego vayas desarrollando el sentido de la virtud y la belleza del saberte, del conocerte, en el camino.

Eckhart Tolle dice:
“Cuando tu conciencia se dirige hacia fuera, surgen la mente y el mundo. Cuando se dirige hacia dentro, alcanza su propia fuente y regresa a casa, a lo no manifestado.”

No es que no sabes cómo regresar, es que lo sabes pero lo has olvidado.

Cuando eras niño vivías allí. Lo que sucede es que te has cambiado de casa. Te has mudado. Y entonces ahora ya crecido, sientes nostalgia de tu hogar.

El ser humano siente nostalgia de Dios porque de allí viene. Siente nostalgia de su ser porque es infinito y eterno y lo sabe. Lo sabe en su interior, aunque los años, las situaciones y las desesperanzas le hayan hecho perder la fe.

Nunca lo infinito se contentará con lo superfluo, ni con lo temporal. Nunca estarás realmente bien y feliz hasta que no estés en tu verdadero hogar, en el lugar donde perteneces.

El alma seguirá sedienta hasta que encuentre sentido. El sentido está en ti. Regresando a tu interior comprendes el por qué de todas las cosas.

Una vez que comprendes esto, lo transciendes. Y cuando transciendes algo ya nunca más sufres. Porque estás más allá. Porque lo miras desde arriba como espectador.

Tu conoces bien el camino de regreso a tu hogar. Solo que no lo recuerdas.

Estas cansado y crees que no podrás llegar, que ya es muy tarde, esta bastante oscuro por todas las nubes de esos dolores que aún no curas y muchas veces incluso hay tormenta.

El camino sigue ahí, aunque ya no puedas reconocerlo. No lo ves porque estás confundido por tantos desvíos que has venido tomando.

Cualquier letrero luminoso que aparecía con la promesa de felicidad, te ha hecho tomar ese atajo, pensando que llegarías más rápido si ibas por allí, y luego ese camino no era lo que parecía, y esa felicidad era temporal y duró apenas unas millas.

Te has tomado cualquier bus. El que pasaba, el que sea. Ni siquiera has visto el letrero de indicación del destino de ese bus. Pasaba por allí y tú lo tomaste.

A veces desesperadas, desesperados, cansados de caminar, desilusionados de las cosas, solo queremos viajar a dónde estemos tranquilos un tiempo.

Donde podamos estar un poco cómodos, donde, no importa si es mi camino, nos conformamos con que se le parezca.

Pero lo que ocurre es que, la vida es tan sabia, Dios es tan perfecto y te conoce tanto! Te ha creado ! Como no va a conocerte ..?, que aunque tú creas que serás feliz en ese sitio temporal, Dios y el universo, saben que no lo serás.  Y te ponen dificultades, situaciones, para que te muevas. Te lo hace incomodo de nuevo, porque estás aquí para crecer hasta ser luz, hasta convertirte en el amor mismo. Y así iluminar y enamorar al mundo.

Te has quedado quieto. En ese camino que llevaba de regreso a tu hogar. De regreso a ese lugar donde naciste, donde vivías cuando eras niño. Donde jugabas y soñabas y no existían problemas internos, los problemas eran de los otros.
Te has quedado quieto sentado a la sombra de algún árbol. Y allí estás. Esperando que pase algún iluminado, algún sabio, que te lleve en sus hombros de regreso a casa. Pero el iluminado y el sabio tal vez te digan unas palabras, tal vez te muestren el mapa. Pero ellos saben que eres tú, solo tú, quien puede y debe recorrer a solas ese camino de regreso a ti mismo.

Te has dormido. Has decidido tomarte la píldora del sueño llamada confort, rutina, entretenimientos, trabajo, consumo, evasión …  Te has quedado dormido al costado del camino y estas incomodo ya.

Las situaciones que elegiste desde otro nivel de conciencia ya no tienen nada que ver con quién eres hoy.

El cielo se ha despejado y has decidido pararte y emprender el regreso. Has decidido moverte en la dirección hacia ti, hacia tu felicidad, y buscas todas las señales, los mapas y nada te detendrá en esta travesía maravillosa, porque finalmente te has dado cuenta que sin ti, sin ti no es tan divertido vivir después de todo. Y te eliges. Y te quieres.

Te has despertado. Y puedes ver qué bello es ese camino. Ni siquiera los pequeños dolores son lo suficientemente importantes como para quitarte la tranquilidad, ni la entereza, ni la decisión de ser “Tu” y hacer lo que quieres y lo que has venido a hacer aquí.

Observa los impulsos de tu mente.
Descubre al Dios que se revela en la armonía de todas las cosas.
Lee sus mensajes en los detalles de tu vida cotidiana.
Mira a tu alrededor y rodéate de quienes tienen tú mismo propósito, tú mismo impulso vital.

No pierdas tu tiempo con odiadores ni dramáticos. No entregues tu energía a cosas sin sentido ni a laberintos mentales.
Sólo hay un camino para llegar…. y mil para alejarse.

Busca la ayuda de Dios, y Dios está en todas partes: una esencia impalpable y omnipresente apoyando a todos los constituyentes del Cosmos por igual.  Y aunque no entiendas los designios de Dios, no te turbes. Como decía Chesterton: ” Los enigmas de Dios son más satisfactorios que las soluciones del hombre.”

No seas tan ciego como para perderte la grandeza que hay en ti y que está en todas partes.  Eres la unión perfecta entre lo temporal y lo eterno. Lo finito y lo infinito. Lo mundano y lo trascendente.

Vuelve a casa. Tu camino es el mejor camino, porque es el más tuyo, porque es el más noble, el que más se parece a ti, el que tiene tus huellas. Tu camino es muy corto y fácil de recorrer, lo han hecho largo tus pasitos pequeños llenos de miedo. Lo han hecho oscuro tus cegueras mentales. Lo han hecho tenebroso tus fantasmas del pasado. Lo han hecho difícil tus idas y vueltas, tu girar en círculos, de aquí para allá por la falta de convencimiento en lo que haces.

Trabaja en silencio. Encuéntrate en silencio. Elévate en silencio.

Los árboles, las flores, las plantas crecen en silencio. Las estrellas, el sol, la luna se mueven en silencio. El silencio nos da una nueva perspectiva, decía la Madre Teresa.

Quédate despierto y andando. Aférrate a tu camino hasta que ya no hagan falta ni las palabras, ni los consejos, ni los libros, ni los caminos. Hasta ese día, aquí estaré para servirte.

Claudia Luna

Gracias María José Ventura por tan linda colaboración.


Categorías: Compartiendo el camino