Explorando el camino

Durante los últimos días he tenido la dicha de compartir conversaciones y prácticas con personas que dan sus primeros pasos hacia el camino del Yoga o bien regresan a éste y dentro de la diversidad de contactos todos tienen algo en común, la curiosidad, algo interno que empuja hacia adelante, que no sabes con certeza qué es, pero que está ahí, que susurra, que impulsa.

Consecuencia de las pláticas y ser partícipe de tantas prácticas inevitablemente me hizo recordar mi primera sesión de Yoga…  Desconozco cómo llegué hasta la palabra Yoga pero siempre quise saber qué era.  Y antes de que se lo pregunten, pensar en investigar en Google o YouTube no era posible en esa época.  De repente en el gimnasio al que asistía anunciaron con bombos y platillos nueva sesión de Yoga.  ¡Qué alegría!  La oportunidad de experimentar aquello que tanto me intrigaba había llegado.  Tomé la primera clase y el resto es historia.  Me enamoré…

Durante los últimos días he tenido la dicha de compartir conversaciones y prácticas con personas que dan sus primeros pasos hacia el camino del Yoga o bien regresan a éste y dentro de la diversidad de contactos todos tienen algo en común, la curiosidad o más bien algo interno que empuja hacia adelante, que no se explica con certeza qué es, pero que está ahí, que susurra, que impulsa.

Consecuencia de las pláticas y ser partícipe de tantas prácticas inevitablemente me hizo recordar mi primera sesión de Yoga…  Desconozco cómo llegué hasta la palabra Yoga pero siempre quise saber qué era.  Y antes de que se lo pregunten, pensar en investigar en Google o YouTube no era posible en esa época.  De repente en el gimnasio al que asistía anunciaron con bombos y platillos nueva sesión de Yoga.  ¡Qué alegría!  La oportunidad de experimentar aquello que tanto me intrigaba había llegado.  Tomé la primera clase y el resto es historia.  Me enamoré…

Impartían una sesión semanal y como el Zorro esperaba al Principito, así esperaba yo mi querida sesión de Yoga, no entendía qué sucedía pero me hacía bien, salía feliz y disfrutaba de una flexibilidad que hasta ese tiempo desconocía.  El Yoga era exactamente eso que buscaba, justo como lo esperaba.  Seguía enamorada…

Con el pasar del tiempo comprendí que la flexibilidad no era suficiente.  Necesitaba fuerza y no la tenía.

Cayó el primer mito: para hacer Yoga es requisito ser flexible.

Después de años de práctica y múltiples lesiones por fin entendí que fortaleza y flexibilidad van de la mano y se desarrollan con una práctica, constante, consciente y comprometida.  Yoga es balance en todas las áreas de nuestra vida.   Aquello de que el Yoga era exactamente como yo creía dejó de ser, poco a poco comencé a descubrir que era diferente a lo que esperaba; era como comenzar a conocer a la pareja, el enamoramiento da paso al amor.  Dejamos de ver todo color de rosa y damos paso a los matices, permitimos que cada color se manifieste y lo observamos en todo su esplendor.  Puede que descubramos características que nos gusten, puede que no, pero ahí están.  A nosotros nos corresponde decidir si continuamos allí o si tomamos un rumbo diferente.  Mi elección fue continuar, profundizar, confiar…  Debo confesar que es una elección que agradezco y celebro cada día.

Entre más practicaba comenzó a llegar información y opciones de estudio que me invitaron a profundizar más y a experimentar que el Yoga es mucho más que una práctica física, va muchísimo más allá de las posturas, de hecho éstas son únicamente herramientas de autodescubrimiento, purificación física, mental y emocional, son como un espejo que nos refleja de la forma más honesta posible, nos observamos amorosamente, aprendemos y crecemos a partir de nosotros mismos.

Cae el segundo mito: Yoga es practicar un montón de posturas.

El Yoga es una ciencia donde somos el observador y al mismo tiempo lo observado, es una forma de vida que nos invita a desarrollar las más puras y profundas cualidades de Ser Humano, benevolentes, verdaderos, honestos, moderados y  desapegados.   Primero con nosotros mismos y luego hacia los demás.  Por ahí empezamos.

Durante este tiempo he vivido variedad experiencias, desde las más alegres hasta el dolor de ver partir sorpresivamente, en menos de seis meses, a dos de las personas más importantes para mí.  En esa montaña rusa que es la vida, tanto en los puntos más altos como en las pendientes que me llenaron de vértigo, en los puntos bajos y durante las empinadas cuestas, en todos, la práctica me ha dado claridad, paz interior y fortaleza para seguir.

Cae el tercer mito: Necesito estar anímicamente bien para hacer mi práctica.  Falso, lo único que se requiere para practicar es la intención de hacerlo.  Algunas veces no tendremos ganas pero si la intención existe encontraremos el camino hacia nuestra alfombra y aunque este se sienta largo y pesado, al traer las manos al centro de nuestro pecho y tomar la primera respiración profunda encontraremos la fuerza para levantar nuestros brazos y completar el primer saludo al sol, uno por uno llegaremos hasta donde nos corresponda ese día y al final descubriremos que fue lo mejor que pudimos hacer.

En este recorrido no todas las sesiones terminan con una gran sonrisa o una profunda sensación de felicidad.  La postura es una herramienta, utiliza el cuerpo para ayudarnos a descubrir lo que necesitamos trabajar para que todo nuestro potencial se manifieste.  Hay días de mucha alegría, profunda realización y logro, una maravillosa sensación de paz interior nos invade por momentos, otros de enojo y frustración por no alcanzar lo que deseamos en el momento pretendido.  Así funciona el Yoga, nos cultiva la humildad, el desapego, la paciencia.  Bendita paciencia que, lo queramos o no, se convierte en nuestra inseparable compañera de viaje.

Cae el cuarto mito: Todas las sesiones de Yoga nos dejan felices y en paz.  Al ser una herramienta de autodescubrimiento y desarrollo personal la práctica nos permite ver patrones conductuales que no nos agradan pero  una vez que los trabajamos nutren nuestro crecimiento personal y se convierten en fuentes de paz interior.  No me malinterpreten, este es un camino sumamente hermoso, lleno de dulces frutos y maravillosos momentos de quietud que trascienden las palabras, sin embargo, al igual que la vida misma, está lleno de matices.  Con todo el esfuerzo que requiere indudablemente transitar este camino: vale la pena!

Podría seguir enumerando gran cantidad de ideas que bloquean nuestro acercamiento a la alfombra, sin importar cuánto escriba, ninguna es válida.  Sri K. Pattabhi Jois solía decir que todas las personas pueden practicar Yoga, no imparta la edad, si se es débil o fuerte, si se está sano o enfermo, las únicas personas que no pueden practicar son las perezosas.  Deja de apegarte al estado de cómo te sientes hoy, anímate, respira profundo y da el primer paso hacia el Yoga, lo demás vendrá por añadidura.   Conocimiento previo, contextura, credo, estar atravesando una situación difícil, dudas, temores; nada de eso importa, lo único indispensable es una intención sincera que nazca de tu corazón.  Confía en tu instinto, escucha esa vocecita interior que te susurra, deja de lado el temor disfrazado de excusa y toma las riendas de tu bienestar y crecimiento hoy mismo.  Vale la pena!!!

Impartían una sesión semanal y como el Zorro esperaba al Principito, así esperaba yo mi querida sesión de Yoga, no entendía qué sucedía pero me hacía bien, salía feliz y disfrutaba de una flexibilidad que hasta ese tiempo desconocía.  El Yoga era exactamente eso que buscaba, justo como lo esperaba.  Seguía enamorada…

Con el pasar del tiempo comprendí que la flexibilidad no era suficiente.  Necesitaba fuerza y no la tenía.

Cae el primer mito: para hacer Yoga es requisito ser flexible.

Después de años de práctica y múltiples lesiones por fin entendí que fortaleza y flexibilidad van de la mano y se desarrollan con una práctica, constante, consciente y comprometida.  Yoga es balance en todas las áreas de nuestra vida.   Aquello de que el Yoga era exactamente como yo creía dejó de ser, poco a poco comencé a descubrir que era diferente a lo que esperaba; era como comenzar a conocer a la pareja, el enamoramiento da paso al amor.  Dejamos de ver todo color de rosa y damos paso a los matices, permitimos que cada color se manifieste y lo observamos en todo su esplendor.  Puede que descubramos características que nos gusten, puede que no, pero ahí están.  A nosotros nos corresponde decidir si continuamos allí o si tomamos un rumbo diferente.  Mi elección fue continuar, profundizar, confiar…  Debo confesar que no me arrepiento de ello, es una elección que agradezco y celebro cada día.

Entre más practicaba comenzó a llegar información y opciones de estudio que me invitaron a profundizar más y a experimentar que el Yoga es mucho más que una práctica física, va muchísimo más allá de las posturas, de hecho éstas son únicamente una herramienta de autodescubrimiento, purificación física, mental y emocional, son como un espejo que nos refleja de la forma más honesta posible, nos observamos amorosamente, aprendemos y crecemos a partir de nosotros mismos.

Cae el segundo mito: Yoga es practicar un montón de posturas.

El Yoga es una ciencia donde somos el observador y al mismo tiempo lo observado, es una forma de vida que nos invita a desarrollar las más puras y profundas cualidades de Ser Humano, benevolentes, verdaderos, honestos, moderados y  desapegados.   Primero con nosotros mismos y luego hacia los demás.  Por ahí empezamos.

Durante este tiempo he vivido variedad experiencias, desde las más alegres hasta el dolor de ver partir sorpresivamente, en menos de seis meses, a dos de las personas más importantes para mí.  En esa montaña rusa que es la vida, tanto en los puntos más altos como en las pendientes que me llenaron de vértigo, en los puntos bajos y durante las empinadas cuestas, en todos, la práctica me ha dado claridad, paz interior y fortaleza para seguir.

Cae el tercer mito: Necesito estar anímicamente bien para hacer mi práctica.  Falso, lo único que se requiere para practicar es la intención de hacerlo.  Algunas veces no tendremos ganas pero si la intención existe encontraremos el camino hacia nuestra alfombra y aunque este se sienta largo y pesado, al traer las manos al centro de nuestro pecho y tomar la primera respiración profunda encontraremos la fuerza para levantar nuestros brazos y completar el primer saludo al sol, uno por uno llegaremos hasta donde nos corresponda ese día y al final descubriremos que fue lo mejor que pudimos hacer.

En este recorrido no todas las sesiones terminan con una gran sonrisa o una profunda sensación de felicidad.  La postura es una herramienta, utiliza el cuerpo para ayudarnos a descubrir lo que necesitamos trabajar para que todo nuestro potencial se manifieste.  Hay días de mucha alegría, profunda realización y logro, una maravillosa sensación de paz interior nos invade por momentos, otros de enojo y frustración por no lo alcanzar lo que deseamos en el momento pretendido.  Así funciona el Yoga, nos cultiva la humildad, el desapego, la paciencia.  Bendita paciencia que, lo queramos o no, se convierte en nuestra inseparable compañera de viaje.

Cae el cuarto mito: Todas las sesiones de Yoga nos dejan felices y en paz.  Al ser una herramienta de autodescubrimiento y desarrollo personal la práctica nos permite ver patrones de conductuales que no nos agradan pero  una vez que los trabajamos nutren nuestro crecimiento personal y se convierten en fuentes de paz interior.  No me malinterpreten, este es un camino sumamente hermoso, lleno de dulces frutos y maravillosos momentos de quietud que trascienden las palabras, sin embargo, al igual que la vida misma, está lleno de matices.  Con todo el esfuerzo que requiere indudablemente transitar este camino vale la pena.

Podría seguir enumerando gran cantidad de ideas que bloquean nuestro acercamiento a la alfombra, sin importar cuántas mencione, ninguna es válida.  Sri K. Pattabhi Jois solía decir que todas las personas pueden practicar Yoga, no imparta la edad, si se es débil o fuerte, si se está sano o enfermo, las únicas personas que no pueden practicar son las perezosas.  Deja de apegarte a cómo te sientes hoy, anímate, respira profundo y da el primer paso hacia el Yoga, los demás vendrán por añadidura.   Conocimiento previo, contextura, credo, estar atravesando una situación difícil, dudas, temores; nada de eso importa, lo único indispensable es una intención sincera que nazca de tu corazón.  Confía en tu instinto, escucha esa vocecita interior que te susurra, deja de lado el temor disfrazado de excusa y toma las riendas de tu bienestar y crecimiento hoy.

Rocío Hernández, Directora

Centro de Yoga LungTa


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