El refugio permanente en el espíritu por medio de la meditación yóguica.

La verdadera renunciación y el verdadero Yoga dependen de la meditación.

Es un verdadero renunciante y también un verdadero yogui aquel que ejecuta las acciones prescritas y las acciones espirituales (karyam y karma) sin desear sus frutos, más no quien no lleva a cabo ninguna ceremonia ni el que abandona la acción.

Comprende, ¡Oh Arjuna! que aquello que las escrituras denominan renunciación es lo mismo que el Yoga; pues quien no ha renunciado al motivo egoísta (sankalpa) no puede ser un yogui.

Para el muni que desea lograr la ascensión, se dice que su senda es la actividad meditativa (karma) que conduce a la unión divina (Yoga); y cuando ha dominado este Yoga, se dice entonces que su senda es entonces la inacción.

Se afirma que ha alcanzado la absoluta unión del alma con el Espíritu aquel que a superado el apego tanto a los objetos de los sentidos como a la acción y que está libre de los designios instigados por el ego.

La transformación del pequeño ser (el ego) en el Ser Divino (el alma)

Que el hombre eleve el ser (el ego) por medio del Ser, que el ser no se degrade (envilezca) a sí mismo.  En efecto, el ser es su propio amigo; y el ser es su propio enemigo.

Para aquel cuyo Ser (el alma) ha conquistado el ser (el ego), el Ser es el amigo del ser; más, en verdad, el Ser se comporta hostilmente, como un enemigo, con el ser que no se ha doblegado.

El sereno sabio que ha logrado la victoria sobre el ser (el ego) se halla siempre afianzado en el Ser Supremo (el Espíritu), ya se encuentre ante el frío o el calor, el placer o la aflicción, el elogio o la censura.

Se afirma que está unido de modo indisoluble al Espíritu aquel yogui que se halla felizmente absorto en la verdad y en la realización del Ser.  Inmutable, conquistador de los sentidos, considera de igual valor un terrón, un guijarro o una pepita de oro.

Es un yogui supremo aquel que contempla en forma ecuánime a todos los hombres: benefactores, amigos, enemigos, extraños, mediadores, personas odiosas, parientes, virtuosos e impíos.

El Yoga del Bhagavad Gita.

Paramahansa Yogananda