Samshaya: Duda

Qué privilegio y bendición ser testigo de tantas prácticas.  El sonido de la respiración durante la clase indica que algo cambió.  Profunda, rítmica y serena, la respiración nos lleva hacia dentro, abre las puertas y permite que nuestro Ser se manifieste a través de diferentes posturas que nos revitalizan, nos ayudan a conocernos mejor y nos fortalecen física, emocional, mental y espiritualmente.

Cada sesión es un reto, pero más que un reto físico es un desafío mental.  La postura es una maravillosa y efectiva herramienta que nos enseña a manifestar lo que llevamos dentro, no es una forma externa que se impone.  Es un medio para conocernos mejor, para encontrarnos, para empoderarnos, no un fin.  Sin embargo, qué bien se siente, después de muchos intentos, decepciones y toneladas de esfuerzo experimentar que la postura sucedió…  ¿De dónde surge? ¿Por qué sucede? ¿Por qué nos sentimos tan bien cuando logramos un asana?

Patanjali en sus Yoga Sutras nos dice: “cuando la mente está en calma el Yoga sucede”  Si bien es cierto el Yoga es mucho más que la simple postura, a través de nuestro cuerpo, de lo físico, podemos palpar y experimentar cambios que suceden dentro, en planos sutiles.  Es la herramienta que nos heredaron quienes practicaban hace miles de años para sentir, de la forma más material posible, el efecto de la práctica.  Cuando una postura ocurre algo ha cambiado, es altamente probable que no lo hayamos notado pero quizá nuestra mente está más serena, nos aceptamos más, estamos menos ansiosos, en fin, es diferente para cada uno. 

Durante este año he tenido la dicha de observar y compartir muchísimas prácticas, todas tienen un alto componente de compromiso, esfuerzo y entrega, son prácticas hermosas, inspiradoras, que nacen del corazón.  Prácticas que se realizan con consciencia y que se desarrollan como un camino de vida, como un largo viaje lleno de sorpresas. 

Reza la sabiduría popular que todo largo camino inicia con el primer paso.  Igual el Yoga inicia con la decisión de probar, de tomar esa primera sesión.  Luego de años de práctica topamos con varios pasos que se vuelven trascendentales.  Al recorrer el trayecto vamos encontrando diferentes obstáculos, uno de ellos la duda, Samshaya. 

La duda que no permite que nuestra mente esté en calma, la duda que nos llena de ansiedad, la duda que nos hace flaquear, que nos sabotea, que nos invita a tirar por la borda el esfuerzo realizado, la duda que alimenta miles de interrogantes, la mayoría sin sentido y sin respuesta.  La duda que nos llena de conceptos y percepciones erróneas, que nos debilita y nos hace retroceder.

Gracias a nuestra práctica, tenemos la oportunidad de observar nuestros patrones y tomar decisiones respecto a ellos.  Pasos trascendentales en esta ruta.  Ante la duda podemos respirar profundo, crear un microsegundo de silencio, escuchar la vos interior y seguir… 

Durante etapas de duda (Samshaya) muchos de nuestros estudiantes tomaron la valiente decisión de continuar, de dar un paso hacia sus alfombras y sumergirse en el océano de su práctica.  Hoy todos ellos se descubren más fuertes, más flexibles, más realizados. Pero por encima de todo, más serenos y enfocados.  Llegar hasta hoy implicó atravesar períodos difíciles, compartir algunas veces tristeza, enojo y decepción pero también celebrar logros y sumergirnos en miradas alegres y sonrisas sinceras que decían: “valió la pena”

En una disciplina que llegó para quedarse, que llegó para convertirse en una bendición de vida, qué importarte celebrar cada logro, qué importante atesorar cada paso, qué importante soltar las dudas y abrir las puertas de nuestra vida y corazón a la realización de nuestros sueños.

No dejemos que la duda nos robe nuestros sueños, creamos en la sabiduría del corazón.


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