El papel del asana en el verdadero Hatha Yoga por Ramiro Calle

Les compartimos una hermosa explicación sobre la importancia de las posturas en el Yoga, publicada por Ramiro Calle, uno de los practicantes de Yoga, y Maestro, más importe de Occidente.

“Asana es posición corporal. Existen en el hatha-yoga un gran número de asanas, porque se trata de hacerle asumir al cuerpo posturas que de otro modo nunca adoptaría, para así alcanzar absolutamente todas las zonas, funciones, aparatos y sistemas del organismo, sin que ninguno pase desapercibido. Al principio, debido a la rigidez, la postura puede resultar incómoda, pero se va haciendo más confortable en la medida en que practicamos con asiduidad. La postura misma tiene un gran poder para dotar al cuerpo de flexibilidad y desbloquearlo y desestresarlo, eliminando asimismo nudos energéticos, adiestrándonos en la interiorización mental y en sosegar las emociones. El asana es una preciosa herramienta psicosomática y la respiración se torna un puente entre el cuerpo y la mente, la mente y el cuerpo. Se conjugan estiramientos y masajes. Los primeros alargan, flexibilizan, fortalecen, tonifican e irrigan de sangre el músculo; los segundos inciden sobre órganos, vísceras, plexos nerviosos, glándulas y puntos vitales. Pero el asana en el verdadero hatha-yoga es un trabajo consciente que alcanza tres niveles; el cuerpo, la energía y la mente. Para que los asanas intensifiquen sus numerosos beneficios psicosomáticos, siempre se mantiene el asana. Hay pues tres fases: hacer, mantener y deshacer. Los movimientos tiene que ser lentos y conscientes. Cada persona lleva el asana hasta donde pueda y con esto se desencadenan todos los beneficios. No se trata sólo de adaptarse al asana, sino de adaptar el asana a uno mismo y su naturaleza somática. Hay que escuchar la sabiduría del cuerpo y no empeñarse egocéntricamente en convertirse en un contorsionista o en tornarse en el más flexible del cementerio cuando el cuerpo llegue al mismo. El tiempo de mantenimiento en el asana es esencial y lo coloca a años luz de cualquier otro ejercicio gimnástico, deporte o uno de esos “yogas” deportivos que falsean la verdadera esencia yóguica y rinden desmesurado culto al cuerpo y afirman el narcisismo. El tiempo de mantenimiento permite interiorizarse y nos ofrece la preciosa oportunidad de sentirse uno a todos los niveles y conectar con la propia presencia de ser. Se vuelve el asana un soporte para la mente y se pueden así observar todas las reacciones corporales y mentales. El asana se convierte en una técnica específica de auto-observación, integración psicosomática y desarrollo y despertar de la consciencia. Es una forma idónea de sentirse, vivirse y experimentarse en todas las dimensiones de la organización psicosomática y de aprender a situar la atención en el momento presente. Así el trabajo corporal se torna trabajo interior. Se convierte en una meditación a través del cuerpo. Los asanas se complementan entre sí y van regulando todos los principios vitales (doshas) y sedando el sistema nervioso. Tras una sesión de asanas mantenidos, la persona está mucho más capacitada para ejecutar una relajación muy profunda y reparadora. El yogui utiliza su cuerpo-mente como si fuera un laboratorio viviente. Experimenta minuciosamente por sí mismo la corporeidad y a través de ella llega al núcleo de su ser.

El asana es como una silueta para recogerse y conectar, a través del cuerpo, con la presencia de sí. El cuerpo es una fabulosa herramienta para adentrarse en lo profundo de uno mismo. Por el cuerpo se dirige uno hacia su propia identidad y se cultiva la consciencia-testigo. Se abre un canal de comunicación entre el cuerpo denso y el cuerpo sutil y se desarrolla una actitud de ecuanimidad y armonía. Vamos pasando por diferentes niveles o capas. De lo más denso nos trasladamos a lo más sutil. La postura es un lenguaje del cuerpo que estimula un especial lenguaje del alma. Los animales lo consiguen de modo natural, pero el ser humano ha creado métodos para obtener sobresalientes resultados. Así pues el verdadero hatha-yoga no sólo accede al cuerpo, sino a la consciencia que está más allá del vehículo somático y que por ello los antiguos yoguis denominaban “el templo del Divino”.”

Ramiro Calle


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