Tirumalai Krishnamacharya

Antiguamente el Yoga era una disciplina celosamente reservada para renunciantes y prohibida para las mujeres.  El acceso que hoy tenemos a esta beneficiosa y bellísima práctica se lo debemos, principalmente, a Tirumalai Krishnamacharya, quien dedicó su vida a estudiar, aprender, practicar, rescatar y compartir esta legendaria tradición.

Conocido como el padre del Yoga moderno, Tirumalai Krishnamacharya nació un 16 de Noviembre de 1888, en el pequeño poblado de Muchukundapuram, actualmente conocido como Mysore, Karnataka, India, en el seno de una familia de filósofos y maestros espirituales, dentro de los que se incluye el yogui  Nathamuni, quien, en una visión, le inspiró los textos del Yogarahasya y el Nyayatattva, que memorizó de niño y más tarde escribió. 

Krishnamacharya Inició sus estudios de Yoga a la tierna edad de los 5 años, de la mano de su padre, quien fallecería cinco años después. A los 12 años empieza sus estudios de Vedanta y a los 18 comienza a estudiar sánscrito, lógica y gramática en la Universidad de Benarés (Varanasi), donde más adelante profundiza sus estudios en Vedanta y Samkhya y se gradúa con honores como profesor de sánscrito. 

En 1915, durante una peregrinación que realiza al Monte Kailash, conoce al respetado yogui Rama Mohan Bramachary, quien desde ese momento se convierte en su maestro. Vivió con él siete años y medio y según cuentan, en aquel momento ya se utilizaban cuerdas y algunos otros instrumentos para ayudar a personas enfermas durante la ejecución de las posturas.  Hoy en día esos instrumentos se conocen como accesorios.   Se dice que fue precisamente Rama Moham Bramachary quien le encomendó a Krishnamacharya la tarea de regresar a la sociedad, formar una familia y propagar el mensaje del Yoga.   

En 1922, regresa a Mysore y a partir de ese momento comienza a nacer una leyenda.  Poseedor de una inteligencia privilegiada y una preparación académica impresionantes, Krishnamacharya rechaza varias ofertas laborales de diferentes Universidades y se dedica a cumplir, a cabalidad, el pedido de su maestro.  Viaja alrededor de la India, y realiza demostraciones de Yoga, ante públicos muy diversos, en las que se cuenta que incluso detenía su corazón.  Se cree que Krishnamacharya es el responsable del resurgimiento del Yoga en la India, ya que se dedicó a recorrerla para difundir su mensaje, la práctica de asana (posturas) y pranayama (técnicas de respiración) así como también de la propagación del Yoga a Occidente.

Según relatos, ésta fue una época muy dura para Krishnamacharya ya que paralelamente se dedicaba a trabajar como capataz en una plantación de café con el objetivo de tener tiempo disponible para compartir la práctica y efectuar demostraciones.   Cuando Krishnamacharya comenzó a ensañar, el Yoga prácticamente había desaparecido de India y su tarea fue ardua.   Paralelamente a Krishamacharya, quien realizó una excelente labor en el Sur de India, Sivananda hizo lo suyo en el Norte del país.

En 1925 el Maharaja de Mysore, muy interesado en rescatar y promover la cultura india, le da la oportunidad de abrir una escuela en el palacio, a la que denominó Yoga Shala y que mantuvo abierta hasta 1955.  Allí ensañaba a niños, adultos y personas con necesidades especiales.  Dos de los niños de aquella época, B.K.S. Iyengar, hermano de su esposa y Pattabhi Jois, se convertirían, a la postre, en dos de los más grandes maestros de nuestros días y responsables de la propagación del Yoga en América y Europa.  Precisamente durante este período escribe su primer libro, Yoga Makaranda, Los secretos del Yoga.  

Durante esos años, viaja a Calcuta junto con su alumno Pattabhi Jois y, en una antigua biblioteca, encuentran el texto conocido como Yoga Korunta, en el que se describen cientos de posturas conectadas por movimientos dinámicos, los cuales posteriormente sería conocidos como vinyasas y darían origen a lo que hoy conocemos con Ashtanga Vinyasa Yoga, del cual Pattabhi Jois fue el principal exponente y difusor.

En 1937 aparece en escena Indra Devi, mujer rusa que gracias a la intervención de la familia real de Mysore y a la insistencia del Maharaja, fue aceptada de mala gana por Krishnamacharya, quién la sometió a duras pruebas hasta estar convencido de que tenía un genuino interés y merecía recibir las enseñanzas del  Yoga.  Así se convirtió en la primera extranjera, y además mujer, en recibir instrucción directa de este gran Maestro.  Indra Devi desarrolla un estilo más suave y pausado pero sus secuencias definitivamente reflejan la mano de Krishnamacharya.  Difunde las enseñanzas de su maestro en China, Rusia, México, Hollywood y Argentina.

En 1955, a la edad de 63 años y con cinco hijos, se traslada a Madras a tratar el ataque cardíaco de un político y se establece en esta ciudad.  Durante estos años depura todavía más su técnica de enseñanza y la enfoca en el tratamiento de enfermedades.  Más adelante este estilo lo continuaría su hijo, Desikachar, a través del Krishnamacharya Yoga Mandirán  y daría origen el Viniyoga, en el cual cada postura es adaptada cuidadosamente a la condición específica del practicante y se enseña de uno a uno.

Según reza la historia, Krishnamacharya tenía una especial capacidad para leer el potencial de sus estudiantes y desarrollarlo hasta llevarlo a su máxima expresión.  Podría ser un maestro sumamente estricto, exigente y apegado a una disciplina implacable pero también alguien dulce y considerado que explicaba con paciencia y amor.  Aunque la pedagogía utilizada dependía de lo que considerara mejor para cada estudiante, siempre enfatizó en la importancia de que cada uno avanzara en la práctica de forma personal e individual y buscaba que la práctica fuera uno a uno.  Prueba de ello es que si bien Iyengar, Pattabhi Jois, Indra Devi, Desikachar y Srivatsa Ramaswami provienen de un mismo linaje, las prácticas que comparten son muy diferentes entre sí.

Krishnamacharya siempre interpretó el asana como un aspecto tan espiritual como el resto de ramas del Yoga y veía el asana y el pranayama como la puerta al mundo espiritual.

Además de ser un hombre completamente entregado a la práctica, su estudio y difusión, fue un excelente padre de familia.  Según las vivencias compartidas por sus alumnos, sabía exactamente cómo adaptar la práctica y su técnica de enseñanza para hacer florecer el talento especial que poseía cada uno de sus estudiantes.

Cien años de vida dedicados a profundizar, depurar y promover la práctica del Yoga.  El Maestro que más ha trascendido con su enseñanza y que más fronteras ha traspasado sin salir de la India.   La fuente de la que brotan las principales tradiciones de Yoga de nuestros días.

Hoy, en la conmemoración de su nacimiento, compartimos con ustedes un poquito de su historia, como un humilde homenaje a ese gran hombre, dedicado y comprometido, que nos dio el regalo del Yoga. 


Categorías: Filosofía y Técnica