Práctica en tiempos de cambio

Hace varios años, cuando daba mis primeros pasos en la práctica, probé variedad de estilos.  Estaba tan interesada en el tema que quería aprenderlo todo y asimilar el conocimiento lo más rápido posible para poder absorber más y más.  Hasta que topé con el Ashtanga Yoga estilo Mysore y poco a poco, así, despacito, fui interiorizando que no se trataba de absorber conocimiento y aprender rápido y más, sino de vivir, sentir y experimentar.  De rendirnos ante el momento presente, sumergirnos en su silencio y dejarnos ser.  El Yoga, más que un conocimiento o algo que se aprende, es algo que lentamente, a punta de constancia y compromiso, se recuerda y desarrolla.

Hoy, en medio de un período que tiende a abrumarnos con incertidumbre y toneladas de información, también aparece una clarísima invitación a ir hacia adentro. 

Ante la eminente necesidad de distanciarnos, de renunciar al contacto físico que tanto nos nutre, a los grupos que nos abrazan y contienen, surge la maravillosa oportunidad de rendirnos ante lo que es.  Sí, de rendirnos… De dejar de luchar contra lo que la naturaleza misma nos impone y confiar.  Confiar y fluir.  ¿Por qué nos da miedo aislarnos? ¿Por qué tanto temor a no reunirnos? ¿Por qué aferrarnos a nuestros grupos?  ¿Por qué tanta resistencia a estar con nosotros mismos?   

Hoy confirmo que la vida depositó un tesoro en nuestras manos, una poderosa herramienta de autodescubrimiento, interiorización y crecimiento.   Nos entregó una práctica que, en tiempos de bonanza y bienestar, nos permite disfrutar de la inigualable sinfonía de la respiración que interpretamos con nuestros hermanos de práctica, esos compañeros de viaje que, desde el sagrado espacio de su alfombra, interpretan las más hermosas notas que nacen del alma.   Pero esa misma práctica está diseñada para disfrutarse también en soledad, para celebrar la mejor compañía que podamos tener: la nuestra.

Atravesamos un período que pareciera caótico, que nos aleja de lo conocido y físicamente nos separa de quienes amamos, sin embargo, al mismo tiempo, nos acerca inevitablemente a nosotros mismos y es precisamente en este punto donde la práctica se convierte en un invaluable instrumento para ir hacia adentro.  Es el momento de descubrir la fuerza de las semillas que hemos plantado en nuestro interior y que hemos cuidado y abonado con cada práctica grupal.   

Desarrollar una práctica personal, en casa, en soledad, es un reto posible y hermoso.  Busca un lugar en tu casa, coloca una velita, extiende tu alfombra,  siéntate un momento en silencio, lleva tu atención hacia adentro, conecta con la energía de renovación que envuelve en este momento al planeta.   Confía en las sensaciones.  De pie, al frente de la alfombra, respira profundo, mientras inhalas sube los brazos, palmas juntas y mirada a los pulgares, permite que la práctica se manifieste. Muévete al ritmo de la respiración.      Confía en las semillas que plantaste, ríndete ante el momento presente, esto también es Yoga. 

Abrámonos a la posibilidad de renacer de aquello que parece caos,  el orden mundial, como lo conocemos, en estos momentos se transforma.  Conectemos con nosotros mismos, con lo más profundo, no temamos al silencio, reencontrémonos y preparémonos para regresar renovados a los abrazos y los besos, preparémonos para abrazar y besar desde un espacio diferente, un espacio más honesto, más puro y más intenso, un espacio que, al igual que la tierra, se sacude la contaminación y se renueva…   Es momento de estar en silencio, escuchar el alma e ir hacia adentro…


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